Nosotros, los de la Iglesia, creemos: Que todos los hombres de cualquier raza, color o credo fueron creados con los mismos derechos; Que todos los hombres tienen derechos inalienables a sus propias prácticas religiosas y a su realización; Que todos los hombres tienen derechos inalienables a sus propias vidas; Que todos los hombres tienen derechos inalienables a su cordura; Que todos los hombres tienen derechos inalienables a su propia defensa; Que todos los hombres tienen derechos inalienables a concebir, elegir, ayudar o apoyar a sus propias organizaciones, iglesias y gobiernos; Que todos los hombres tienen derechos inalienables a pensar libremente, hablar libremente, escribir libremente sus propias opiniones, y a oponerse, pronunciarse o escribir sobre las opiniones de otros; Que todos los hombres tienen derechos inalienables a la creación de su propia especie; Que las almas de los hombres tienen los derechos de los hombres;
Que el estudio de la mente y la curación de las enfermedades de causa mental no debería enajenarse de la religión o tolerarse en campos no religiosos; Y que ninguna agencia menos que Dios tiene el poder para suspender o poner a un lado estos derechos, abierta o encubiertamente. Y nosotros los de la Iglesia creemos: Que el hombre es básicamente bueno; Que está intentando sobrevivir; Que su supervivencia depende de sí mismo y de sus semejantes y de su logro de la fraternidad con el universo. Y nosotros, los de la Iglesia, creemos que las leyes de Dios prohiben al hombre: Destruir a su propia especie; Destruir la cordura de otro; Destruir o esclavizar el alma de otro; Destruir o reducir la supervivencia de sus compañeros o de su grupo. Y nosotros, los de la Iglesia, creemos que el espíritu puede salvarse, y que sólo el espíritu puede salvar o curar al cuerpo.
jueves, 9 de abril de 2009
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